Abuelo Oscar, tu historia es la mía. Aunque nunca tuve la oportunidad de conocerte, siento que tu espíritu vive en mí. Sé que fuiste secuestrado en 1977, mientras estudiabas para ser arquitecto en la Universidad de Córdoba. Eras un militante gremial del Sindicato de Luz y Fuerza, un artista, un poeta y tu gran pasión era el teatro.
Mamá me contó que conociste a la abuela Mirta haciendo teatro. Juntos, con otros compañeros, fundaron el Centro Cultural Villa El Libertador en 1973, con el sueño de llevar el arte y la cultura a los barrios populares. Ese lugar sigue vivo hasta el día de hoy, a pesar de los ataques y la desaparición de muchos de ustedes.
Sé que también militabas en el Ejército Revolucionario del Pueblo, defendiéndose de la violencia a su modo. Hoy, en tiempos de incertidumbre, a veces me dan ganas de hacer lo mismo. Pero hemos avanzado, la democracia nos ha dado otros triunfos, aunque ahora parezca cada vez más débil.
Mi búsqueda en lo trans comenzó con la pregunta que te hiciste: ¿Quién soy yo?
En la adolescencia, me cuestioné si realmente era lo que la sociedad me decía que era. Hoy milito por la importancia de que seamos todos iguales, como ustedes lo hicieron al abrir el Centro Cultural.
Sé que tu mamá, mi bisabuela Amalia, te buscó incansablemente desde el día de tu secuestro. Y que la abuela Mirta también fue secuestrada en 1977, dejando a mamá y a la tía Laura como NN. Gracias a la incansable labor de las Abuelas de Plaza de Mayo, mamá pudo recuperar su identidad y ser la primera nieta restituida.
Crecí rodeado de esta historia, yendo de las marchas a los escraches, aprendiendo a poner el cuerpo por aquellos que ya no están. Hoy, como tú, milito cada día, en la facultad, en mi trabajo, en las asambleas y movilizaciones. Porque la lucha sigue, el modelo económico de saqueo y endeudamiento continúa, y los discursos y herramientas de lucha son distintas, pero el objetivo es el mismo: la felicidad del pueblo argentino.
A veces me siento perdido y desesperanzado, pero pienso en ti, en tu mamá, en mi vieja, en las abuelas. ¿Cómo no voy a luchar? ¿Cómo no me voy a organizar? Si los partidos políticos no están a la altura, hay que empezar por la organización popular. Porque la lucha viene de largo, y es exactamente lo mismo por lo que peleabas tú.
Sé que tu desaparición y la de Mirta aún no tienen justicia. Pero los juicios siguen, y aún hay muchos nietos por recuperar. Mamá contó su historia recientemente, y sé que hay familias que aún no se animan a hacerlo. Pero la crueldad de los genocidas de los 70 se parece mucho a lo que vivimos hoy, y no podemos dejar de luchar.
Abuelo, tu legado vive en mí. La lucha continúa, y no voy a parar hasta que todos seamos iguales.