Yanina Latorre es mucho más que la panelista estrella de LAM (América TV). Detrás de su imagen pública como la mujer que incomoda con preguntas filosas y genera titulares con un simple comentario, se esconde una historia de superación y reinvención que pocos conocen.
Antes de convertirse en la figura mediática que es hoy, Yanina era una joven estructurada y profesional, con una carrera como contadora pública y licenciada en administración de empresas. Lejos de la vida de glamour y exposición que hoy lleva, sus inicios estuvieron marcados por la militancia sindical, las reuniones en el sindicato y un mundo muy distinto al que luego conocería al casarse con el exfutbolista Diego Latorre.
“Soy contadora pública, licenciada en administración de empresas, traductora de francés y profesora de inglés. Hay que estudiar. No es que te casás con Diego Latorre, apoyás el culo en la silla y sale.”
Yanina recuerda con claridad esa etapa de su vida, en la que se definía como una “reprimida” y “pelotuda” que soñaba con la vida de “Susanita”. Sin embargo, su encuentro con Diego Latorre la llevaría a un mundo completamente nuevo, donde debió adaptarse y aprender a desenvolverse en un ambiente que inicialmente le resultaba “nefasto”.
De la contaduría al mundo del espectáculo
Tras casarse con Diego, Yanina se convirtió en la representante y contadora de su marido, manejando toda su carrera y contratos. Fue en ese momento que comenzó a explorar un lado de sí misma que hasta entonces había permanecido oculto: su personalidad disruptiva y su habilidad para generar contenido.
“Yo lo acompañé a él en todo: triunfó, nos mudamos, cargué contendores, crié a los pibes… Cuando terminó ese momento y él se acomodó en el periodismo deportivo, que es el mejor en lo que hace porque es maravilloso, hubo algo de mí que lo soltó. Yo soy un poco maternal y creo que es un defecto que tengo. Recién cuando lo solté apareció esto de las redes y afloró esto que tengo y siempre tuve.”
Fue a través de las redes sociales que Yanina comenzó a darse a conocer, primero con un “coqueteo” en radio y luego consolidándose como una de las voces más influyentes del mundo del espectáculo. Su honestidad y naturalidad para moverse en este ámbito le valieron el reconocimiento del público, que hoy la sigue con fervor en sus redes sociales y programas de televisión.
De la vida de “esposa de country” a conductora estrella
Lejos de la imagen de “botinera” que algunos le atribuían, Yanina se define como una mujer que entró “de casualidad” a ese mundo y que, en realidad, siempre tuvo una personalidad disruptiva y una necesidad de “incomodar” a quienes la rodeaban.
Fue esa misma actitud la que la llevó a reinventarse y a no conformarse con la vida de “esposa de country” que había llevado durante años. Hoy, a sus 56 años, Yanina se enorgullece de haber dado ese paso y de haberse convertido en una figura de los medios, con su propio programa de televisión, Sálvese quien pueda.
“Estoy orgullosa de haberme reinventado y de no haberme quedado en la comodidad de mi casa del country con un señor futbolista que ganó mucho dinero. Yo laburo como una loca.”
La relación con su familia y su visión política
Más allá de su carrera profesional, Yanina también abre su corazón para hablar de su familia. Si bien su relación con su padre no fue la mejor, debido a que nunca le perdonó que haya vuelto a rehacer su vida, su vínculo con su madre, Dora, es de una profunda admiración y complicidad.
Asimismo, Yanina no se limita a los temas del espectáculo y también se mete de lleno en la arena política, con opiniones firmes y sin miedo a incomodar. Lejos de estar “ensobrada”, la conductora se define como “anti K” pero no libertaria, y cree que el diálogo y la negociación son las claves para lograr cambios en el país.
En resumen, la historia de Yanina Latorre es la de una mujer que supo reinventarse y aprovechar al máximo sus habilidades, convirtiéndose en una de las figuras más influyentes y carismáticas del mundo del espectáculo argentino.