Christina Onassis, la heredera del imperio naviero griego, falleció de manera repentina a los 37 años en 1988. Su muerte, ocurrida en el exclusivo Tortugas Country Club de Pilar, Argentina, conmocionó al mundo y desató una ola de especulaciones sobre las circunstancias que rodearon su trágico final.
La vida de Christina estuvo marcada por una sombra de fatalidad. Perdió a su hermano en un accidente aéreo y a sus padres en circunstancias confusas. Rodeada de privilegios, también cargaba con el peso de un legado familiar signado por la desgracia. Su salud física y mental se fue deteriorando progresivamente, y su dependencia a los tranquilizantes y somníferos era un secreto a voces entre su círculo cercano.
«Hacía lo que quería», aseguró su amiga Marina Dodero, quien la alojaba en el Tortugas la noche de su muerte. Dodero recordó que Christina «estaba destemplada» y que le pidió ir a rezar a la capilla. Cuando volvió, le tiró un beso al aire y dijo «buenas noches» en griego. Fue la última vez que la vio con vida.
El Misterio de las Últimas Horas
La mañana del 19 de noviembre, Christina Onassis no bajó a desayunar. Una de las empleadas domésticas de la residencia, preocupada, se dirigió a su habitación y encontró su cuerpo sin vida en la bañera. Según el informe forense, no presentaba signos de violencia, pero tenía las pupilas dilatadas y su muerte fue atribuida a un edema pulmonar agudo, posiblemente relacionado con el abuso de barbitúricos.
En su dormitorio se encontraron diversos frascos de pastillas, incluyendo analgésicos, diuréticos, anfetaminas y Valium. Christina era dependiente de estos medicamentos, que utilizaba para dormir, adelgazar y controlar su ansiedad.
La Escena del Crimen
Las imágenes del baño donde se halló el cuerpo mostraron una escena caótica: una toalla y diversos efectos personales en el suelo, papel tissue, un peine y una caja de Empecid sobre la bacha y el reflejo de un espejo empañado por la humedad de la madrugada. Este último refugio de Christina Onassis fue el escenario de su trágico final.
La Maldición de los Onassis
La muerte de Christina reavivó la leyenda de la “maldición” que habría perseguido a su familia. Su padre, el magnate Aristóteles Onassis, falleció en 1975, dejándole un imperio multimillonario. Su madre, Athina Livanos, murió en circunstancias confusas en 1974, y su hermano, Alexander, perdió la vida en un accidente aéreo en 1973.
Athina, la única nieta y heredera del magnate griego, también ha enfrentado su propia tragedia. Perdió a su madre cuando tenía apenas 3 años y su vida sentimental tuvo un traspié difícil de superar, al divorciarse en 2017 de su esposo, quien mantuvo una doble vida durante ocho años.
A pesar de su inmensa fortuna, Athina continúa cimentando un bajo perfil, alejada del ojo público y buscando consuelo en su pasión por la equitación. La historia de los Onassis sigue generando fascinación, pues a pesar de tenerlo todo, nunca lograron encontrar la paz.
Un Legado Marcado por la Tragedia
La muerte de Christina Onassis generó un torbellino de especulaciones en la prensa internacional. Aunque la autopsia indicó un edema pulmonar, no se descartaron hipótesis de sobredosis intencional e incluso se llegó a hablar de un supuesto asesinato encubierto.
Su funeral en Grecia, donde fue enterrada junto a su padre y su hermano, fue una despedida cargada de emoción y misterio. Su hija Athina, de apenas 3 años, fue entregada a los brazos de su padre, Thierry Roussel, quien según relatos, «no la lloró».
Décadas después de su muerte, la historia de Christina Onassis sigue generando fascinación. A pesar de tenerlo todo, nunca logró encontrar la paz. Su trágica herencia y el peso del apellido Onassis parecen haber sido demasiado para soportar.
Hoy, Athina, la última descendiente de esta poderosa dinastía, continúa cimentando un perfil bajo, alejada del ojo público y buscando su propio camino, lejos de la sombra de la maldición que parece perseguir a su familia.