Wanda Nara, la empresaria y celebridad mediática, ha demostrado una capacidad sorprendente para evadir las consecuencias de sus acciones. Desde acusaciones de robo hasta incumplimiento de órdenes judiciales, Nara parece estar más allá de la ley que rige al resto de los ciudadanos.
El último incidente que sacó a la luz esta impunidad fue el escándalo en torno a la revinculación de sus hijas con su ex esposo, el futbolista Mauro Icardi. Según se informó, Nara debía presentarse con las niñas en el Ministerio Público Tutelar, pero no lo hizo, alegando que las pequeñas tenían el cumpleaños de un primo. Esta actitud, calificada como “obstrucción del vínculo”, generó indignación en las autoridades judiciales.
Acusaciones y Desafíos a la Justicia
Pero este no es el único caso en el que Wanda Nara ha desafiado a la justicia. El conductor Rodrigo Lussich señaló que la empresaria “está en rebeldía con la Justicia, las cuentas no las paga” y que nadie le pone un freno. Incluso, se la ha acusado de robar 7 millones de euros a su ex esposo.
Sin embargo, Nara parece estar blindada por su fama y su gran cantidad de seguidores en redes sociales. Lussich se preguntó: “¿A quién aprieta Wanda Nara? Aprieta a Telefe de mostrar chats, al canal que la contrata. Está tan creída y empoderada por su personaje y sus 19 millones de seguidores, que compró, que realmente yo nunca vi algo igual”.
La Necesidad de Responsabilidad
Este caso plantea una reflexión importante sobre los límites de la celebridad y la necesidad de que todos los ciudadanos, sin importar su estatus, rindan cuentas ante la ley. Wanda Nara es más impune que los peores delincuentes de Argentina. ¿Nada le cae?
, cuestionó Lussich, evidenciando la percepción de privilegio que rodea a la empresaria.
La impunidad de Wanda Nara es un síntoma de un sistema que, en ocasiones, parece estar más interesado en proteger a las figuras públicas que en hacer cumplir la ley de manera equitativa. Es crucial que se establezcan mecanismos de rendición de cuentas que apliquen por igual a todos los miembros de la sociedad, sin importar su nivel de fama o influencia.
Solo así podremos avanzar hacia una justicia verdaderamente justa, donde nadie esté por encima de la ley, sin importar cuántos seguidores tenga en las redes sociales.